Tercer Domingo de Pascua – Año C

Hoy San Pedro confiesa su amor por Jesús tres veces.  En esta manera él expreso su contrición por negar a Jesús tres veces durante su pasión.

A veces las personas dicen que San Pedro negó a Jesús porque él fue un cobarde, un hombre débil, de poco valor o carácter.   Pero esta evaluación no tiene sentido cuando nosotros leemos el evangelio.   Los evangelios nos muestran que Pedro fue un hombre fuerte de gran valor y mucha virtud.   Él deja su barca y redes inmediatamente cuando Jesús lo llamó. Él era el líder de los apóstoles.  Él habló cuando los demás callaron.   Cuando Jesús enseñó que él es el pan de vida  mucha gente lo dejó,  Pedro no lo dejó.  El se quedó a lado de Jesucristo  aún cuando los fariseos quisieron encarcelarlo o matarlo.   Pedro fue un hombre muy virtuoso, muy valiente!   ¡A pesar de ser un hombre bueno, él cae!  ¡Durante la última cena Pedro prometió a Jesús “voy a morir contigo” !.  Pero él no murió con Jesús.   Él lo negó y él huyó.

Pedro huyó de la cruz.  Pero en el evangelio hoy Jesús predice  la muerte de Pedro.  Nosotros sabemos que Pedro murió como un mártir, Pedro fue crucificado de cabeza en Roma.   Al Final, Pedro cumplió su promesa,  el murió por Jesucristo.

Pedro fue un hombre valiente, pero cae.    ¡Es importante recordar que toda la gente, incluso las personas más valientes, caen!  Lo que distingue a los santos es  cuando ellos caen también se levantan.   No debemos desanimarnos por nuestras caídas.    Tenemos que levantarnos  y permanecer fieles a Jesucristo.

¿Cuál  fue la diferencia en Pedro la primera vez cuando cae y más tarde cuando él murió por Jesús? cuando  El tuvo más valor, más madurez  él aprendió algo de su experiencia de negar Jesús?

No.  El recibió el Espíritu Santo.   El Espíritu dió a San Pedro más coraje y más sabiduría para difundir el evangelio.

Para ser fiel a Jesucristo hasta la muerte necesitamos más que ser un hombre o una mujer valiente.  No podemos seguir a Jesús sólo con nuestro propio poder,  necesitamos la ayuda desde el cielo, necesitamos el Espíritu Santo.    El Espíritu Santo nos da ayuda y fuerza cuando nuestro propio poder no es suficiente para vivir nuestra vida cristiana.   El Espíritu Santo nos ayuda con sus siete dones:

Como Pedro bajo presión todos nosotros negaríamos a Jesús. Como Pedro, necesitamos el don de la Fortaleza,  la ayuda del Espíritu Santo para afrontar los obstáculos de seguir a Jesús  y hacer el bien cuando es más difícil hacerlo.

Antes de hacer el bien, necesitamos saberlo.  En circunstancias particulares no es siempre fácil.  Por ejemplo, cuando nuestros hijos no se portan bien, ¿cuándo debemos ser firmes y estrictos?  ¿Cuándo es mejor ser paciente e indulgente?   Necesitamos el don del consejo,  que nos ayuda para entender lo que hay que hacer en una circunstancia particular.

A veces es difícil hacer el bien incluso cuando nosotros lo sabemos.    Nuestras pasiones y deseos nos abruman y nosotros no podemos resistirlas.   Necesitamos el don del Santo Temor, conciencia de cuan justo y poderoso es Dios,  que no podemos escapar de su juicio.  A veces solo este temor nos mantiene alejados del pecado.   El don del Santo Temor se complementa con el don de la  Piedad, este don es la conciencia que Dios es nuestro Padre tierno y amoroso.  Con piedad cumplimos sus mandamientos con amor, en lugar de temor.  Nosotros queremos complacer a nuestro Padre celestial.

Muy a menudo, Dios no nos parece ser un Padre.  El parece estar muy lejos de nosotros.   No podemos entender sus enseñanzas y mandamientos.  No podemos sentir su presencia durante nuestras oraciones o encontrarla en nuestra vida.

El don de Ciencia nos ayuda a ver la presencia de Dios en el mundo, en su creación y el don de la  Inteligencia nos ayuda a entender los misterios de nuestra fe; como Dios es tres y uno, como Jesús está presente en la sagrada comunión. El Don de la Sabiduría nos da el conocimiento íntimo de Dios; no solo sabemos algunas cosas sobre Dios, pero experimentamos su presencia y sentimos su caricia.

Pedro fue un hombre valiente,  pero él no pudo permanecer fiel a Jesucristo sin los dones del Espíritu Santo.   Nosotros no podemos seguir a Jesús sin la ayuda del Espíritu Santo. Pedro recibió el Espíritu Santo en el día de Pentecostés.  Nosotros lo recibimos en nuestro bautismo y nuestra confirmación.